viernes, 29 de julio de 2011

6. Sobre el terreno

 
15 de febrero de 2011, 9:10 AM, lugar del accidente, en algún punto cercano al pirineo catalán, norte de España.

Los pебята bajaron de la camioneta y se desplegaron por la autopista sin necesidad de que su líder diera una sola órden. Cada uno sabía perfectamente cual era su cometido.

El primer paso era encontrar el lugar donde había sido asesinado Salvattore Silano, pero había un par de inconvenientes que no les iban a facilitar la tarea. El primero de ellos era la vaguedad con que se les había descrito el lugar. Sabían que estaban cerca, ya que el округ había logrado acotar su localización a un tramo de tan sólo cinco kilómetros, pero aún así era mucho terreno por cubrir.

El segundo inconveniente eran los vehículos. No podían detener el tráfico así como así, por mucho poder que tuviera la organización que los había enviado allí. Tenían órdenes de no llamar excesivamente la atención. En resumen: debían trabajar rápido y mal. Nada a lo que no estemos acostumbrados.

Arkadiy, plantado en el arcén cerca de la camioneta , se comunicaba en todo momento con sus hombres a través del equipo transmisor que llevaba sujeto a un lado del rostro. Confiaba en sus hombres, los había visto trabajar infinidad de veces y en situaciones mucho más complejas. Sin embargo, temía que su objetivo desapareciera si tardaban demasiado. Ya les llevaba tres días de ventaja y cada minuto que pasaba podía significar la diferencia entre el triunfo y el fracaso de la misión.

Cuarenta y siete minutos tardaron los pебята en comunicarle que habían dado con el sitio que buscaban. Arkadiy sonrió satisfecho y volvió a la camioneta. Estos son mis chicos.

Poco después, Arkadiy contemplaba el escenario que se desplegaba ante él: el vehículo siniestrado ya no estaba, como no podía ser de otra forma, pero la mancha oscura de aceite y gasolina sobre el asfalto seguía señalando el lugar exacto donde había estado la noche de la muerte de Silano, y el hormigón del muro presentaba varias grietas allá donde había impactado. Unos diez metros más allá observó que, sobre el asfalto de los dos carriles centrales de la autopista, había las marcas de frenada de lo que parecían dos vehículos distintos.

Los nueve pебята a su cargo esperaban instrucciones destrás de él, en el arcén. Sabía que estaban ansiosos, contenidos. Deseosos de que la caza empezara de una vez. Léon, el conductor que el округ había asignado a la unidad, estaba en ese momento bloqueando con la camioneta los dos carriles contiguos al muro que separaba la carretera del bosque.

—Lyosha, Edik, ayudad a nuestro chófer a desviar el tráfico. Gosha, Kirill, Seryoga, los vehículos: marca, modelo, año de fabricación; todo lo que podáis averiguar. Viktor, tú te encargas del asesino: quiero saberlo todo de él, incluso el color de sus ojos. Slava, conecta el sistema de camuflaje de inmediato. Roman, Kostya, vosotros permaneced alerta y alejad a los posibles curiosos. ¡A trabajar!

Dadas las órdenes, Arkadiy se apartó a un lado y dejó a sus hombres trabajar. Estimó que tardarían entre tres y cuatro horas en recopilar toda la información que necesitaban.

Cuatro de los pебята saltaron a la parte trasera de la camioneta cuando ésta aún estaba terminando de colocarse en perpendicular en medio de los dos carriles, y otros dos avanzaron al vehículo y, caminando con calma por el centro, empezaron a hacer señales a los vehículos que se acercaban. Cinco minutos después la zona estaba totalmente bajo control y cada hombre hacía su parte: Lyosha y Edik, colocados los triángulos reglamentarios sobre el asfalto, simulaban estar revisando el motor de la camioneta mientras Roman y Kostya se aseguraban de que ningún vehículo se detuviera o disminuyera demasiado la velocidad; el resto trabajaban tranquilos en el interior del perímetro, invisibles a ojos de los mirones gracias al carísimo sistema de camuflaje de última generación que Slava había desplegado a su alrededor.

Gosha y Seryoga manejaban, sobre el asfalto y junto al muro agrietado, instrumental de investigación al que sólo tenían acceso dos agencias de espionaje en todo el mundo. Tomaban fotos y muestras, medían y hacían cálculos sobre el terreno y, al final, Kirill contrastaba los datos obtenidos en su potente Notebook, conectado en todo momento a través de la red a bases de datos en teoría inaccesibles

Mientras sus hermanos trabajaban Viktor se concentraba, arrodillado en el suelo con los ojos cerrados y los brazos extendidos, ajeno al ajetreo que había a su alrededor; la parte que le correspondía desempeñar aquella mañana era de vital importancia. El éxito de la misión dependía en gran medida de lo que consiguiera en las siguientes horas.

Arkadiy se movía alrededor sin acercarse demasiado y observaba a los pебята trabajabar. Formaban un buen equipo; uno de los mejores que jamás había comandado. Esos hombres llevaban ocho años juntos, en la misma unidad, a excepción de Viktor, que se había unido al grupo en la misión anterior seis meses atrás, pero que se había integrado con rapidez. Habían compartido mucho y se conocían unos a otros a la perfección, tanto sus puntos fuertes como sus limitaciones. No eran la unidad más antigua y con menos bajas —tres en todo el tiempo que llevaban operativos— en la nómina del округ por casualidad. Los pебята eran tan buenos que bien podrían trabajar sin supervisión. Y Arkadiy lo sabía. Por eso se consideraba uno más del equipo aunque fuera el que daba las órdenes.

—Arkasha, los tenemos —dijo el pебята llamado Kirill acercándose a él con el Notebook en una mano. Tan sólo habían necesitado una hora —. Nuestro hombre conducía un Audi, modelo R8 Spyder; un deportivo descapotable fabricado a finales del 2010. Y la víctima viajaba en un Volvo XC90 del 2008; el vehículo que chocó contra el muro. Aunque no podemos saber si el que conducía era Salvattore Silano. Hemos encontrado rastros de sangre diluida que creemos podrían pertenecer a una tercera persona —El conductor. Los Siete no sangran —. El asesino se alejó en dirección norte, hacia Francia. Al parecer el descapotable también quedó tocado, pero el motor resistió

A continuación, Kirill le pasó el NetBook a Arkadiy para que pudiera observar la simulación que habían diseñado: el choque entre los dos vehículos en mitad de la calzada a gran velocidad, los giros descontrolados, el frenazo de uno de ellos y por último la línea recta que trazó el otro hasta estrellarse contra el muro de contención. Apartó la mirada de la pequeña pantalla para observar la escena real y asintió.

—Buen trabajo, chicos. Guardad una muestra de la sangre que habéis encontrado, puede que más adelante la necesitemos. Luego despejad la zona. Es el turno de Viktor.

Tres minutos después Viktor se encontraba en el centro del perímetro. Era un hombre alto y muy delgado, rozando la anorexia, y allí, de pie con los brazos extendidos hacia el suelo y embutido en su uniforme negro, con los ojos en blanco, daba bastante grima. A Arkadiy, siempre que lo veía de esa guisa, le recordaba a un bicho-palo de esos que salían en los documentales del National Geographic. Mientras, los restantes miembros del equipo observaban desde una distancia prudencial; sabían que aquella parte podía entrañar peligros para los que no estaban preparados.

Los primeros veinte minutos transcurrieron sin que Viktor moviera un solo músculo; parecía incluso que hubiera dejado de respirar. Luego, sin previo aviso, algo cambió y un temblor casi imperceptible se apoderó de su cuerpo. Sus labios se separaron entonces y lo que parecía un mantra llegó a oídos de los presentes. Ya habían presenciado con anterioridad a su compañero en aquella especie de trance, pero no pudieron evitar que se les erizara el vello de la nuca, e incluso sufrir algún escalofrío, cuando su voz fue haciéndose más aguda a medida que pronunciaba aquellas palabras encadenadas e incomprensibles. Arkadiy se acercó entonces a la cabina de la camioneta y ordenó a Léon que bajara las ventanillas y que subiera el volúmen de la radio. No convenía llamar excesivamente la atención, y aquél espectáculo podía durar un buen rato, lo sabía por experiencia. La voz de Don Gibson, cantando Blue Blue Day, se escuchó entonces a todo volúmen y llenó el aire alrededor, disimulando el extraño soliloquio que acababa de empezar.

Aquello se alargó casi dos horas y Arkadiy empezó a plantearse interrumpir a Viktor, a pesar del peligro que suponía para ambos. Sólo una vez, que recordara, había visto a un mentalista trabajar durante tanto tiempo seguido y, después, tuvo que ser encerrado en un sanatorio. Su cerebro había quedado arrasado. Pero el pебята salió al fin del trance, empapado en sudor y con el rostro mortalmente pálido, casi transparente; se podían apreciar las líneas rojas y azules que trazaban sus venas al recorrerlo bajo la piel. Durante unos segundos, justo después de que finalizara su salmodia y los iris volvieran a ser visibles en sus pupilas, Viktor pareció levitar a unos centímetros del suelo. Luego cayó como un muñeco desmadejado sobre el asfalto.

Arkadiy corrió hacia el hombre caído y Kirill le siguió transportando un botiquín y una botella de agua. Lo demás permanecieron en sus puestos, observando inquietos la escena. Para tranquilidad de todos, Viktor se irguió un momento después hasta quedar sentado y bebió de la botella que le tendían. Luego, mirando a su líder mientras su compañero le pasaba por la frente una gasa húmeda, dijo, con voz débil pero atropelladamente:

—Sé donde está, Arkasha. No está lejos, hacia el norte. —se interrumpió un segundo para dar otro trago de agua —. Pero debemos tener cuidado, hay algo extraño. He visualizado mucho poder aquí, dos poderes enfrentados. No podría decir cual era el más fuerte ni a quién pertenecía cada uno.

—Buen trabajo, Viktor —dijo Arkadiy levantándose. De inmediato se volvió hacia los demás — . ¡Es hora de partir, soldados! ¡Recogedlo todo y borrad cualquier rastro de nuestra presencia! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Ha llegado la hora de la venganza!


1 comentario:

  1. Genial, esto va tomando forma de una manera inquietante y fascinante. El numerito de Viktor me ha dejado totalmente intrigada. Y aunque me fastidiaba no haber tenido tiempo esta semana para venir de visita, ahora me alegro, porque he podido disfrutar de varios capítulos seguidos, y aunque me he quedado con ganas de más, al menos esta vez no puedo decir joooooo! qué rabia!

    (errores, hoy sólo de teclear: "otros dos avanzaron (junto a/hacia el/pegados al; o tal vez lo que querías decir era: adelantaron) al vehículo" "observaba a los pебята trabaja(ba)r" (inventando nuevas palabras, eh?) "Lo(s) demás permanecieron". Como ya te he dicho antes, con los acentos no me meto, pero échales un vistazo)

    Un placer leerte, seguimos viéndonos, ¿vale? Si tardo, tranquilo, al final siempre vuelvo. Quiero saber más...

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